Violencia es mentir

Política

Finalmente, la semana pasada inició -acorde al calendario oficial- la campaña electoral.

 

El disparo de largada hacia las PASO que se llevarán a cabo el día 11 de agosto, da inicio formal a la carrera de cara a octubre. Superados los infructuosos intentos del oficialismo por suspenderlas, las PASO se revelan frente a la sociedad como una gran encuesta electoral sin operaciones de por medio. Ya con eso se pagan solas.

Y ese dato no es menor, porque en tiempos de apagones escondidos, espías desatados, fiscales rebeldes, jueces sospechados, muertos por el frío, policías pistoleros y dólar atrasado, contar con la información necesaria para ejercer el voto acorde al real desenvolvimiento de los hechos, más que un derecho del ciudadano se convierte en una necesidad imperiosa para que nuestro sistema democrático mantenga los grandes lineamientos del Estado de Derecho y preserve así sus instituciones, que a la luz de los últimos acontecimientos, se encuentran francamente deterioradas y peligrosamente cuestionadas por grandes sectores de la población.

Frente a esta situación no cabe más que preguntarse:  ¿Existe en la sociedad argentina la real conciencia de lo que se pone en juego en estas elecciones?. Porque si algo no temo afirmar, es que si la estafa electoral a la que fue sometido el pueblo argentino en el 2015 no nos enseñó nada que sea capaz de evitar un nuevo engaño entonces, quizás, nos merecemos este presente.

Revisando los spots de campaña de 2015, uno tiende a pensar –intuitivamente– que quienes mintieron tan descaradamente a sus electores con embustes tan fácilmente comprobables, no deberían tener la posibilidad de profundizar sus mentiras tan cómodamente, así como tampoco debería ocurrir, que quien comprobó las mentiras de Macri y fue víctima de sus políticas económicas vuelva a votarlo. Sin embargo, lamentablemente,  sabemos muy bien que si este gobierno neoliberal, aún continua teniendo alguna chance real de ganar las elecciones, ello se lo debemos –en gran parte–, al inmenso blindaje mediático que sin ningún descaro los periodistas “independientes” sostienen día a día.

La mentira del Cemento.

Últimamente podemos percibir, como la línea discursiva del Gobierno se profundiza en el sentido de justificar el hambre frente a una supuesta cantidad de obras que, según dicen ellos “jamás se realizó en el pais". Y si lo pensamos bien, tiene algo de lógica que el Rey de la Patria Contratista intente hacer campaña con la obra pública, al margen de que las obras las haga su primo Angelo Calcaterra. Esos son detalles.

El relato del cemento, el pavimento que permite ir a los chicos a la escuela aunque no tengan para comer, las cloacas que rescataron a los pobres del medio de la “Mierda”( Mauricio Dixit) y los miles de km de ruta y autopistas que nos muestran en spots de campaña ciudadanos felices, eufóricos y comprometidos con el Cambio, como todo lo que proviene de este Gobierno, es puro verso.

“Hay un millón y medio de personas que tienen cloacas y que antes no tenían, y convivían literalmente con la mierda”, dijo el presidente Mauricio Macri en una entrevista hace poco tiempo. Pero la peor enemiga de Macri se encargó de desmentirlo rápidamente.¿Quién? ¿Cristina? naaa…..la realidad.

Hace unos días, el INDEC publicó un informe titulado “Indicadores de condiciones de vida”, basado en la Encuesta Permanente de Hogares, donde se consignan datos oficiales respecto de la cobertura de servicios esenciales como agua potable, cloacas y red de gas natural.

Los datos actualizados al segundo semestre de 2018 muestran que los números son prácticamente idénticos a los relevados en diciembre de 2016, cuando había 89,4% de acceso al agua, 70,1% de acceso a las cloacas y 71,4% de acceso a gas natural. Según este informe, la conclusión es lapidaria:  el promedio anual de obras de agua y cloaca en la Ciudad y el conurbano bonaerense bajó un 22,5% respecto de todos los años de mandato de CFK.

También esta semana, se conoció un informe realizado por los técnicos de Vialidad Nacional de 84 páginas, en el que se detalla el estado de las rutas y autopistas en cada una de las provincias. Según Vialidad Nacional, el gobierno de Macri produjo “uno de los peores momentos de la historia de la Dirección Nacional de Vialidad” y por ello solicitan que se declare la Emergencia Vial por el deterioro de las rutas y carreteras de todo el país.

Los números de este informe, también desnudan el fraude de la retórica del discurso del Gobierno, en tanto querer presentarse como grandes hacedores frente a enormes corruptos.  Dicen los trabajadores de Vialidad que mientras guardaban el PBI en el ARSAT que se iban a robar, los K licitaron 168 obras en carreteras por año en promedio,  mientras que, las obras licitadas en el promedio de los tres primeros años del gobierno de Macri, fueron 31 por año. Las proporciones se repiten cuando se habla de obras iniciadas, 162 en la era anterior, 67 en la actual, y en las obras finalizadas, 113 contra 57.

Otro dato interesante que este informe revela, es que  para hacer muchísimas menos obras que las que hizo la gestión anterior, el gobierno de Macri necesitó aumentar desmesuradamente la estructura burocrática del organismo. A modo de ejemplo, en 2015 no había gerencias ejecutivas, ahora hay ocho. El total de gerencias pasó de 3 a 28 y las subgerencias de 26 a 64.

Y sin embargo, frente a una mentira como ésta, tan fácilmente comprobable, gran parte de la población tristemente lo ignora. Pues, de ser difundidos estos datos como corresponde por los medios de comunicación, deberían catapultar cualquier aspiración releccionista del mitómano serial que nos gobierna. En fin, aunque esta batalla discursiva es difícil, no nos queda más remedio que darla.

Violencia es mentir. Dice la mentada frase que todo buen Ricotero no debe ignorar. Y si se tiene la capacidad (o tolerancia?) de soportar una aparición médiatica completa de Macri –por más escueta que ella sea–, se puede comprobar sin ningún lugar a dudas el sentido de tal afirmación.

El discurso de Macri, Larreta y Vidal es muy violento. Demasiado provocador. La impunidad y el descaro de la mentira dirigida a un pueblo que está sufriendo como nunca antes el abandono del Estado, exacerba los peores sentimientos. La impotencia de quien recibe el mensaje y sufre esta realidad tan hiriente frente al cinismo y la provocación permanente del discurso, genera más violencia. A eso apostará el discurso del gobierno en esta campaña, Durán Barba ya lo ordenó: odio, mentiras  y más violencia. El relato del cemento que hoy desmontamos en esta nota, es sólo un botón de muestra de lo que en todos los ámbitos se replica: la profundización de la mentira y el odio como táctica y estrategia electoral.

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