Cuando ya me empiece a quedar solo…

Política

Finalmente, Pichetto se consagró como el candidato a vicepresidente de Mauricio Macri, ¿Quién festeja realmente? ¿Qué representa esta fórmula?

 

Después de tantas idas y venidas, por fin Macri logró que alguien aceptara acompañarlo en la fórmula como vicepresidente. Después de que Urtubey se negara abiertamente y se barajaran algunos amagues con Sanz, el radicalismo quedó pedaleando en el aire. "Acepté inmediatamente la propuesta del Presidente" dijo en conferencia de prensa el senador del PJ, Miguel Pichetto que un año atrás criticaba la “incapacidad de gestión” de Cambiemos, incluso hace apenas tres meses escribió en twitter “El gobierno de Mauricio Macri aumentó todo y generó más incertidumbre, endeudamiento, un proceso de empobrecimiento de la clase media y de los trabajadores. Con gran preocupación estamos siguiendo la actividad automotriz y textil, más de 3.500 empresas y comercios han cerrado.”

Sin embargo, no podemos esperar otra cosa de quien siempre ha procurado estar del lado del oficialismo, esté quien esté. “El cuervo que se posó siempre en el hombro del poder” definió Fernando Borroni en su columna de La Mañana (AM 750), y es que está claro que el senador de todos los tiempos, siempre se paró del lado de la balanza que más peso tenía (o más capital). Así fue que estuvo tanto al lado de Carlos Menem, como de Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández y ahora, Mauricio Macri. No es una sorpresa, aunque quieran engañarnos llamándolo peronista a los cuatro vientos, es urgente dejar de admitir la insistente adjetivación que incorpora a nuestro movimiento a personas que muy lejos están de la clase popular y trabajadora.

Pichetto, que apoyó el pago a los fondos buitres y el presupuesto de ajuste acordado con el FMI, es uno más de los personajes que está dispuesto a ajustar cuanto sea necesario a los trabajadores para cumplir con bancos y fondos de inversiones de Wall Street. Por eso no es extraño que hoy todos los titulares se refieran al festejo de los mercados por su precandidatura. La suba de los precios de los bonos y las acciones, así como la caída del riesgo país no demuestra una mejora en las perspectivas de la economía real, que es la que verdaderamente tiene impacto en el bienestar de nuestro pueblo, sino que evidencia una seguridad de los mercados de que la fiesta financiera no va a terminar y será garantizada con todas las reformas, flexibilizaciones y privatizaciones que sean necesarias, si este binomio es consagrado electoralmente. Es una fórmula que calma a los pocos que tienen mucho y preocupa a muchos que tienen poco.

La reacción empresarial no es más que un reflejo de la posibilidad de consenso que se asoma con vista a la flexibilización laboral que venimos esquivando, ¿Cómo podríamos poner nuevamente en agenda la jubilación de amas de casa con un vicepresidente para el que se trata de “mujeres que toman el té a la tarde”?. No se está peronizando Cambiemos, e indignación es lo mínimo que deberíamos sentir frente a esa afirmación que quieren instalar hoy los grandes medios de comunicación.

Pichetto sigue siendo el mismo que alguna vez sostuvo que funcionamos como “ajuste social de Bolivia” y “ajuste delictivo de Perú”, definiendo como “resaca” a la población migratoria de países limítrofes que hoy intenta vivir en nuestro país. Nada hay de peronismo en su misoginia y xenofobia, pero sí muchas garantías para la élite dominante.

Entonces, ¿Qué hay detrás de esta fórmula en términos electorales? ¿Qué planea Marcos Peña? La fórmula es claramente una prescripción para modelo de gobierno, aunque electoralmente no tiene la pluralidad y aquiescencia con las que quieren disfrazarla, es una oferta engañosa y difícil de vender, por eso debe prender todas las luces de alerta.

En estos años, hemos visto sin parar que aquello que Cambiemos no tiene lo inventa, y así, discurso tras discurso escuchamos hablar de una Argentina en la que no vivimos y en la que claramente estaríamos mucho mejor si supiéramos dónde queda. El anuncio de esta candidatura se amolda perfectamente al formato de operaciones del oficialismo, la gobernabilidad que pretenden alcanzar se erige sobre cimientos de mentiras y promesas desordenadas. Así resulta más que comprensible que los mercados celebren el lucro prometedor del negocio impecable que es vender como vice peronista, a un senador más macrista que Macri.

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