La realidad paralela de Macri

Política

Análisis de una apertura de sesiones ordinarias radiante de marketing e incertidumbres.

 

La ciudad estuvo sitiada, los subtes funcionaron con servicio limitado, los colectivos desarrollaron recorridos enigmáticos y las vallas instaladas en los alrededores del Congreso impidieron el libre paso de los transeúntes que intentaban acercarse a sus trabajos. Así fue la apertura de las sesiones ordinarias, con un operativo policial de una magnitud inusual y un Congreso blindado. El presidente Mauricio Macri empezó su discurso refiriéndose a una Argentina mejor parada que en el 2015. Es difícil analizar datos sobre un país en el que no vivimos y, evidentemente, no conocemos, y es que la Argentina que nos describe el presidente parece existir en una realidad paralela –y muy distinta- a la nuestra. El discurso se asemejó más a un inicio de campaña que a una apertura de sesiones legislativas, con las frases alentadoras bien aprendidas de la escuela de Marcos Peña y Durán Barba: “A no aflojar, a no tirar la toalla. El futuro está en cada uno de nosotros. Argentinos, el tiempo es hoy. Nuestro tiempo es hoy. No dejemos que los predicadores de la resignación y el miedo le ganen a la esperanza. Porque nuestra esperanza es fuerte”, “¡Vamos, argentinos! ¡Vamos con fuerza, vamos en serio, vamos con coraje, vamos con pasión! Este es nuestro país y, juntos, lo vamos a sacar adelante. ¡Vamos, Argentina!” y una tribuna coreando “sí, se puede”. Sólo dos anuncios se colaron en la perorata motivacional: Por un lado, un aumento en la asignación universal por hijo, en un evidente intento por alcanzar a un electorado que lo abandonó inmerso en las dificultades económicas, y por el otro, la reforma del Código Penal. “Es mucho más que la baja de un año de la edad de imputabilidad, es dar respuesta a muchos chicos que van en camino de convertirse en delincuentes” expresó el Presidente reforzando una vez más el estigma y el paradigma punitivo sobre niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad (que vienen nutriendo también los medios masivos de comunicación). Es cierto, el proyecto no sólo baja un año la edad de imputabilidad sino que habilita la aplicación de penas de hasta 50 años de prisión a chicos y chicas de 16 o 17 años de edad, entre otras modificaciones. Ésa es la respuesta que les brinda este Gobierno que muy lejos está de buscar prevenir conductas delictivas. También atiborró su discurso de datos poco claros y dudosa credibilidad: "Creció la economía, bajó la inflación, aumentaron la inversión, las exportaciones, bajó la pobreza y creamos 700.000 puestos de trabajo", afirmación que provocó una abucheada a la que respondió con “Los gritos y los insultos no hablan de mí, hablan de ustedes, yo estoy acá por el voto de la gente”. Pero los que nos sentimos insultados somos nosotros, escuchando que bajó la inflación cuando los datos indican que en el 2018 fue la mayor desde 1991. Sin contar además, que la inflación promedio mensual en lo que va de su presidencia es mucho mayor a la de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. No es la falta de pavimento lo que ocasionaba que las ambulancias no ingresaran a las villas; y no es el aumento en la incautación y destrucción de drogas lo que previene que la misma llegue a los barrios. La prevención, la intervención temprana, el tratamiento, la atención, la recuperación, la rehabilitación y la reinserción social también deberían formar parte de la política pública contra el consumo drogas. Pero sigue tratando de engañarnos, de disfrazar con datos ambiguos y locuciones de autoayuda, la realidad que nos derriba y nos golpea en el piso a causa de su gestión. No se combate la violencia contra las mujeres reduciendo el presupuesto. La partida designada para el Instituto Nacional de Mujeres es de 234,3 millones de pesos, $11.36 pesos por mujer. Un recorte del 18% interanual sin considerar - además - la inflación. Tampoco se restituyen los derechos de las miles de niñas víctimas de abuso sexual torturándolas con cesáreas forzadas a los once años. La preocupación que expresa el Presidente por la necesidad de “más Pymes que contraten más empleados y se conviertan en grandes empresas” tampoco parece muy acorde a las medidas llevadas a cabo durante estos años. Hace apenas tres meses pequeños y medianos empresarios entregaron en el Congreso a legisladores de la oposición un petitorio de medidas de emergencia, y denunciaron la crisis del sector por el cierre de 25 firmas por día. Aunque la publicación en detalle de los resultados de las pruebas Aprender implique transparencia y un debido acceso a la información pública, cambiar la ley de Educación Nacional no garantiza mejor calidad ni equidad educativa. Y, si bien es cierto que las obras realizadas durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner fueron más caras que las que se licitaron durante esta gestión, esto es sólo una apreciación prematura ya que no podríamos realizar una comparación efectiva de costos entre las obras terminadas antes de 2015 y las que aún no ha concluido este gobierno. Son interminables las burlas, la estafa discursiva que nos vende un país en el que no vivimos. Pero las palabras no estaban dirigidas a nosotros, sólo se refirió a los propios en una arenga que a falta de argumentos llenó de gritos y frases hechas. El heroísmo con el que se vistió para una especie de balance público de su gestión, nada tuvo de agenda parlamentaria y quizás fuera un vaticinio. Lo peor no pasó, parece que todavía no estamos donde Cambiemos quiere dejarnos y quizás estemos a tiempo de -cómo dijo él- darnos cuenta de “lo que podemos lograr cuando nos ponemos a trabajar”, y “ver que tenemos otras posibilidades”. La posibilidad cierta llega en octubre y evidentemente la campaña ya empezó.

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