El abuso, la violencia y el patriarcado frente al dispositivo analítico

Política

La reciente noticia de un supuesto abuso de un hombre de 45 años, Juan Dhartes, a una menor de 16 años, Thelma Fardin, ha impactado a nuestra sociedad en las últimas semanas. Sin embargo, aún se continúa dudando acerca de la veracidad de los hechos que denuncia la joven, cantidad de ciudadanos se interrogan ¿Por qué no lo denunció antes? ¿Por qué se expuso frente a una cámara para contar lo que pasó? ¿Cómo puede ser que ningún compañero o compañera tuvo algún tipo de sospecha s

 

El trabajo analítico con víctimas de violencia y/o abuso conlleva un cierto proceso de acompañar a la persona en el trabajo de reconstruir la narrativa acerca de esta historia, de develar y recuperar verdades, de darle “voz”. 
Precisamente luego del hecho, la víctima no llega a comprender totalmente lo que le sucedió o le está sucediendo. La genitalización precoz a la que es impulsado el niño, niña o adolescente, es un deslizamiento de toda la vida libidinal en la dirección del goce del adulto. El goce con el cuerpo de los niños, niñas y adolescentes, ya sea en la violencia como en el abuso sexual, constituye una forma de ejercicio del sadismo, donde se posiciona al sujeto, en un lugar de objeto para la propia descarga, sólo importa la satisfacción del victimario. Así, la víctima se queda “sin voz”, sin palabras. 
Según lo referido por Thelma, ella no pudo otorgar su consentimiento desde su subjetividad, desde una posición de sujeto; se llevó obligada a violar las legalidades de la sociedad, en efecto, en una situación de abuso, el victimario crea un dilema moral en la victima, así aquella parte del psiquismo en donde se introyectaron los preceptos morales transmitidos por los padres y maestros, conocida como el superyó, reprocha al sujeto estos actos sexuales, creando un conflicto entre instancias psíquicas. 
La persona puede mantener estos recuerdos en la clandestinidad durante muchísimos años, ocultándolo, para que otros no sepan de ello. Pues es la víctima y no el victimario la que carga con la culpa y vergüenza. Los famosos “secretos de familia” suelen tener que ver con esto. 
Posteriormente, suelen sufrir sin saberlo a ciencia cierta, las consecuencias de aquello oculto. Comienza así a surgir el efecto de lo siniestro. No obstante, no se habla. 
No se habla porque de hacerlo, esas sensaciones, ese miedo, ese sentimiento de desprotección aflora. Calu Rivero ha afirmado, acompañando los dichos de Thelma, que "hablar sana".
Justamente es necesario que la víctima pueda construir el hecho para que ese dolor se aligere, pero también es imprescindible que pueda hacerlo en un espacio de contención, con la/s persona/s indicada/s y donde sepa que va haber un otro que puede brindarle su apoyo. 
Cuando estamos frente a una víctima silenciada debemos preguntarnos de entrada, ¿Es un silencio del sujeto o de su otro? ¿Ese silencio es exógeno o endógeno? ¿Es un síntoma individual o colectivo? 
En una sociedad patriarcal el modelo de relación es el de dominio-sumisión. Sin duda, la cultura patriarcal, de la cual nuestra sociedad lleva su impronta, es uno de los factores en la base del abuso y de los posteriores estragos consumados cuando la víctima necesitando hablar, no logra ser escuchada. Así, se suele desculpabilizar al victimario, responsabilizando a la víctima como promotora del hecho. Y es justamente este momento, en el de los dichos, donde está la posibilidad de garantizar el derecho de la víctima 
 
Hace unos días llega al consultorio un niño de 2 años, al que su tía lo encuentra en una cama tocándole los genitales a su progenitor desnudo. Este hombre al ser indagado por la mujer afirma con rigurosa certeza y frialdad que el niño “lo había provocado, lo había buscado”. Estos dichos son cuestionados por la mujer, a quien termina pegándole brutalmente. El progenitor aún continúa en libertad y al cuidado del niño. 
 
Es frecuente en los abusadores descubrir una estructura psíquica incapaz de asumir culpas y responsabilidades. Así, la falta para ellos siempre está del otro lado. Si, así es, aunque en este sitio se encuentre un infante de dos años de edad. Siniestro.
 
¡Vamos Argentina, arriba! Los niños, niñas y adolescentes, víctimas de abuso y/o violencia nos necesitan más fuertes que nunca, más despiertos que siempre.
 
En palabras del Dr Eric Laurent: “Es urgente el intercambio de experiencias diversas a partir de reflexiones prácticas, y reunir aquéllos que a partir de disciplinas diferentes apuntan al mismo objetivo: que los derechos de los niños en dificultad o presas del desasosiego no sean reducidos a un formalismo abstracto, y que haya la posiblidad efectiva para un sujeto de encontrar el destinatario que conviene a su sufrimiento.”
 
 
 
 
 
 
Lic. Julieta Cucca.
Psicóloga. Psicoanalista. Egresada de la U.B.A. 
Miembro del Equipo de Asistencia de Violencia Familiar y/o Abuso. AIFAN.
Miembro del Equipo Infanto Juvenil del Centro de Salud Mental Ameghino.
Miembro de la Red de Profesionales de Salud Activa.

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