Es feo ser digno de castigo, pero poco glorioso castigar

Política

Litros de tinta se han gastado escribiendo acerca de la vaguedad del concepto de “peligro inminente”. Y es que semejante abstracción, resulta muy difícil de probar a la hora de justificar un disparo susceptible de causar una muerte, o una herida grave.

 

Como antecedente reciente, es inevitable pensar en el caso Luis Chocobar, el policía de la localidad de Avellaneda que le disparó por la espalda y mató a uno de los ladrones que había robado las pertenencias de un turista norteamericano a fines de 2017.

Esa emblemática causa fue el punto de partida que tuvo la ministra Patricia Bullrich para la redacción del nuevo reglamento  de uso de armas de fuego con el que cuenta la Policía Federal.

El mencionado caso Chocobar causó el repudio de una parte de la sociedad; esa parte que aboga por el respeto y la protección de los derechos humanos; la que se encuentra del otro lado de la grieta y está enfrentada a los matachorros que hoy festejan este triunfo.

Lo más grave, es el alto nivel de aceptación social que tuvo esta medida; principalmente de la clase media inspirada en los nuevos vientos de represión y muerte que llegan desde nuestro país vecino, de la mano de Bolsonaro.

Para explicarlo de un modo sencillo: si hoy Chocobar volviera a dispararle por la espalda al ladrón del turista, estaría actuando de conformidad a las normas que lo habilitan a tirar “por las dudas”.

Este reglamento del que se viene hablando desde su entrada en vigencia, modificó los criterios de precaución que debían aplicar los policías antes de utilizar el arma que portan.

Así, el artículo 2 de la flamante norma establece que el tirador podrá hacer "uso de las armas de fuego cuando resulten ineficaces otros medios no violentos para la detención de quien represente un peligro inminente y oponga resistencia a la autoridad".

Un artículo con más vaguedades que certezas; debe ser por eso que de tan escuetas líneas surjan varios interrogantes: ¿cómo se mide la eficacia? En principio podría afirmarse que una maniobra eficaz sería aquella que garantizara la detención del sujeto en resguardo de su integridad física.

Porque aunque la derecha –esa misma que después exige que se salven vidas- considere que matar delincuentes está bien, es importante recordar que toda sociedad avanza al alejarse del medioevo, y no al revés. Irónicamente, los que se jactan por ser los más civilizados de nuestra sociedad, son los que exigen la aplicación de procedimientos cada vez más cercanos al salvajismo.

Volviendo a la letra de la normativa puesta en crisis, un policía está habilitado a disparar contra otra persona que posea un arma letal –difícilmente en ese instante un sujeto pueda determinar la letalidad de un arma, incluso, en muchos casos, es difícil determinar si la persona que constituiría el potencial “blanco”, porta un arma-.

En este sentido, y previendo esos supuestos, la norma establece una presunción in dubio pro policía, que mantiene a salvo dicha facultad de defenderse de alguien que supuestamente porta un arma susceptible de causar la muerte "aunque luego de los hechos se comprobase que se trataba de un símil de un arma letal". En otras palabras:“primero dispará, después fíjate; y si te equivocaste, mandale flores a la viuda, no pasa nada, total la norma te deja impune bajo el supuesto de peligro inminente”.

Y como broche de oro, el artículo 5 del reglamento, es un reaseguro para garantizar la impunidad de la represión, toda vez que prevé que las fuerzas de seguridad podrán disparar "cuando la imprevisibilidad del ataque esgrimido, o el número de los agresores, o las armas que éstos utilizaran, impidan materialmente el debido cumplimiento del deber, o la capacidad para ejercer la defensa propia o de terceras personas".

Puede observarse cómo la norma cae nuevamente en una peligrosa vaguedad que solo tiende a menoscabar las garantías de aquellos sujetos débiles, los mismos que durante todos los tiempos de la humanidad fueron captados por el derecho penal. Lo que probablemente se pierda de vista, es que esa porción de personas fácilmente captables, cada día se ensancha un poco más hasta que termine abarcándonos a todos. Y para finalizar de la misma forma en que comenzó esta nota, Michel Foucault lo expresa con total claridad:

“La delincuencia, con los agentes ocultos que procura, pero también con el rastrillado generalizado que autoriza, constituye un medio de vigilancia perpetua sobre la población: un aparato que permite controlar, a través de los propios delincuentes, todo el campo social”.

 

Sobre nosotros

El Centro de Estudios Políticos, Sociales y Culturales 25 de Febrero, ubicado en la calle Nicasio Oroño 1682, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, es una construcción colectiva que propende a la difusión de la cultura e ideología de orden Nacional y Popular. Su objetivo es la generación de un pensamiento crítico y constructivo que defienda las banderas de un País libre, justo y soberano

Newsletter