Una sana crítica que atrasa y garantiza impunidad

Política

Para la justicia, Lucía Pérez murió por consumo de drogas. Aunque el cuerpo en su oportunidad, habló por sí mismo: fue violada y empalada. Cuestión que la fiscal María Isabel Sánchez se ocupó de afirmar inmediatamente y de negar un poco más tarde.

 

La sentencia carece de toda lógica desde que no tiene en claro los hechos que se debían dilucidar en la causa. 

La fiscal, con dudosa pericia dejó entrever su teoría del caso: la forma de vivir de Lucía la hizo merecedora de semejante muerte; una hipótesis que el Tribunal Oral N°1 de Mar del Plata compró por comodidad o convicción retrógrada. 

Los fallos judiciales suelen ser extensos, con palabras floridas que justifican -o debieran hacerlo-, con coherencia y un orden razonado, la responsabilidad o no de los procesados por determinados hechos, en base a las pruebas que obran en la causa.

Acá nos topamos con el primer y principal problema: las pericias mal efectuadas sobre el cadáver que al principio habrían arrojado un diagnóstico equivocado; o dicho en otras palabras: “por error” los peritos habrían observado un empalamiento que un año más tarde fue desmentido.

Es decir: las pericias que debían analizar si hubo abuso sexual y la causa de la muerte, no determinaron con la claridad necesaria si hubo abuso sexual ni la causa de la muerte. Cabe preguntarse entonces: ¿Para qué se llevaron a cabo las pericias si no peritaron lo que debían?. Un juego de palabras que muestra explícitamente la inoperancia de los peritos y la completa falta de sustento de este vergonzoso pronunciamiento.

Se supone que los magistrados deben seguir un método a la hora de tomar decisiones, de lo contrario, caen en la oscuridad de la arbitrariedad. “La sana crítica importa precisamente eso: la crítica sana (libre de prejuicios) del material que se produce bajo las reglas de la psicología, la experiencia y la lógica, de suerte tal que las consecuencias sigan a sus causas desde la perspectiva de un observador imparcial”, cita gran cantidad de jurisprudencia al estudiar la cuestión de la valoración de la prueba.

Hoy, justamente sobran los prejuicios que reflejan lo más vetusto del machismo y echan por tierra cualquier derivación razonada que requiere el derecho punitivo.

Para estos tres hombres que integran el tribunal, Lucía se lo buscó. ¿Cómo se podría responsabilizar a los imputados por violarla y empalarla, si tenía 20 faltas en la escuela por quedarse consumiendo estupefacientes?. “Si es drogadicta merece morir”, pareciera afirmar entre líneas el fallo con palabras más suaves...

Su cuerpo apareció el 8 de octubre de 2016 en la Unidad Sanitaria de Playa Serena, luego de ser abandonado por un grupo de hombres.

“¿Era Lucía una adolescente que podía ser fácilmente sometida a mantener relaciones sexuales sin su consentimiento?”, es una de las preguntas que se hizo el tribunal. La conclusión fue que Lucía no era una persona de personalidad sumisa. Es decir, mujer: si no sos sumisa, probablemente seas culpable de que te violen y maten de la manera más tortuosa que se pudiera imaginar.

Claro que la válvula de escape para esta (in)justicia, siempre será: “las pericias no pudieron afirmar ni la violación ni la causa de la muerte”. (Repítase esta frase al finalizar cada una de las oraciones a continuación).

Confirmando la falta de sumisión y determinación de Lucía, los chats de WhatsApp que se enviaba con sus amigos: “De las conversaciones mencionadas (chats) surge claramente que Lucía tenía relaciones sexuales con quien y cuando quería”. De ese supuesto parten los magistrados para arribar a una conclusión superadora: ella quiso que le introdujeran un palo que le perforara hasta el corazón.

“Lucía tenía la capacidad suficiente como para decir no a los avances o propuestas que le habrían formulado sujetos a los que le había comprado droga”.

Párrafo aparte merece aclarar que finalmente los imputados Matías Farías y Juan Pablo Offidani, fueron condenados por la comercialización de estupecientes; -porque si hay algo que el estado debe proteger, es la salud pública; y la marihuana aparentemente sería muchísimo peor que morir con vidrios astillados en el interior del cuerpo-.

Estamos ante la presencia de un fallo modelo acerca de aquello que los movimientos feministas -y la sociedad toda- vienen combatiendo. Una decisión que pinta de cuerpo entero el pensamiento machista que aún nos rige y que mantuvo ciego a un mundo entero a lo largo de toda su historia.

Justicia por Lucía y hoy más que nunca: Ni una menos.

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