17 de Noviembre: Día del Militante

Política

Corría el año 1972, cuando finalmente, luego de 18 años de exilio y proscripción, el General Juan Domingo Perón volvía a pisar el suelo de nuestra patria.

 

El país se encontraba en manos del General Agustín Lanusse, quien encabezaba una dictadura cada vez más debilitada por la presión popular que demandaba la vuelta a la democracia.

Desde septiembre de 1955, imperaba el régimen de la llamada Revolución Libertadora -o Revolución Fusiladora, para quienes celebramos este Día de la Militancia y no olvidamos los fusilamientos de civiles y militares a raíz del intento de levantamiento de Juan José Valle, entre

Este golpe de estado, instrumentado por los Generales Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, se caracterizó por sus esfuerzos desmesurados a la hora de borrar de la faz de la tierra argentina cualquier vestigio de peronismo.

Así, una de sus primeras medidas, fue la promulgación del decreto 4161 que prohibía la sola mención de Perón, de Evita y la utilización de cualquier símbolo peronista. Se prohibió al pueblo que cantara las marchas, mientras que se intervenían los sindicatos y la CGT: “(…) se considerará especialmente violatoria de esta disposición la utilización de la fotografía, retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones “peronismo”, “peronista”, “justicialismo”, “justicialista”, “tercera posición”, la abreviatura “PP”, las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las composiciones musicales o fragmentos de las mismas denominadas: “Marcha de los muchachos peronistas”, “Evita Capitana”.”

Pero la prohibición de los simbolismos, si bien era fundamental, no era suficiente para desmoralizar al pueblo, las medidas contra éste continuaban; mediante una proclamación, el General Aramburu derogó la constitución nacional que más derechos y garantías otorgaba a los argentinos desde su existencia como tales: la constitución del año 1949, reemplazándola por la vetusta versión de 1853.

Aunque el odio no se detuvo ni con la proscripción, ni con el arrebatamiento de derechos adquiridos: el 22 de noviembre el gobierno de facto tomó la decisión de secuestrar el cadáver de Evita Perón que se encontraba en el edificio de la CGT.

Se quería evitar que sus restos se convirtieran en un altar y punto de encuentro de los trabajadores y militantes peronistas. A partir de ese momento,  comenzó un largo recorrido del cadáver de la “abanderada de los humildes” y una demostración del odio mortal que generaron las conquistas obtenidas por los trabajadores en los años previos que se pretendía borrar de la memoria popular.

Era tanto el rencor y el miedo a que el pueblo trabajador se levantara contra la dictadura a raíz de la pérdida de todos los derechos consagrados por el General Perón, que ni siquiera los fusilamientos garantizaban el orden dictatorial establecido.

En junio de 1956 militares de origen peronista liderados por Juan José Valle y Raúl Tranco se rebelaron contra el gobierno de Aramburu con el objetivo de reponer al presidente constitucional depuesto. Ese intento finalizó con 32 fusilados, algunos en los basurales de José León Suarez, y otros, que se encuentran detallados en el libro Operación Masacre de Rodolfo Walsh.

Es por todo lo anterior que el regreso del General Perón tuvo un fuerte contenido simbólico; aunque esta primera visita no fue definitiva, sino que recién logró instalarse en nuestro país durante el mandato de Héctor J. Cámpora, el 20 de junio de 1973.

El General, a sus 77 años, había anunciado su vuelta el 7 de noviembre de 1972, cuando, en una solicitada afirmó: “A pesar de mis años, un mandato interior de mi conciencia me impulsa a tomar la decisión de volver, con la mejor buena voluntad, sin rencores que en mí no han sido habituales y con la firme decisión de servir, si ello es posible”.

Esta llegada, constituyó el primer paso hacia el próximo ascenso al poder y tercer mandato del General Perón, y el final de las luchas armadas de la resistencia peronista... o al menos, así debió haber sido.

El avión de Alitalia aterrizó el 17 de noviembre, a las 11.20 hs. en Ezeiza. En el mismo, viajaban 154 hombres y mujeres, entre ellos, 22 presidentes provinciales del Partido Justicialista y del distrito capital, miembros retirados de las Fuerzas Armadas, de la Confederación General del Trabajo, las 62 Organizaciones, empresarios, ex funcionarios y legisladores, científicos y artistas, que lo acompañaban en su regreso a la Patria.

Ese 17 de noviembre, el líder de los trabajadores fue retenido en un hotel de Ezeiza hasta la madrugada del día siguiente cuando finalmente decidieron liberarlo. Al llegar a la casa de la calle Gaspar Campos, en Vicente López, comenzó a preparar el Partido Justicialista para las esperadas elecciones presidenciales del 11 de marzo de 1973. Permaneció en Buenos Aires 29 días, pero luego regresó a España, de donde retornaría definitivamente el 20 de junio de 1973, de la mano del presidente justicialista electo Héctor J. Cámpora, quien renunciaría a su cargo para que Perón pudiera asumir, luego de elecciones abiertas, su tercera y última presidencia. 


El 17 de noviembre fue el corolario de una larga etapa de resistencia y lucha de un pueblo inclaudicable en pos de todos los derechos adquiridos gracias a Perón y arrebatados por la dictadura a fuerza de proscripción y exilio del líder de masas.

Es por ello que, gracias a esa militancia, en esta fecha se conmemora el Día del Militante. 


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