La Educación Sexual Integral (ESI) es ley. Falta cumplirla

Política

Los debates parlamentarios sobre la legalización del aborto, en los que había un aparente consenso sobre la necesidad de educación sexual en las escuelas, quedaron lejos. Buena parte de los argumentos en contra de la legalización del aborto se sostuvo con llamados a la “prevención” y a la “educación”.

 

12 años, poca implementación.

La Educación Sexual Integral rige en Argentina desde el 2006, cuando se sancionó la ley 26.150. En su artículo 1 establece: “Todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal. A los efectos de esta ley, entiéndase como educación sexual integral la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos”.

Entre estos avances se inscribe la resolución del Consejo Federal de Educación 340/18 que firmaron los ministros de educación el pasado 22 de mayo, mediante la cual se estableció que la ESI esté presente en la formación y evaluación docente y planteó la realización de las jornadas “Educar en Igualdad” para la prevención y erradicación de la violencia de género. En Capital esa jornada fue eliminada en 2017 por el gobierno porteño para recuperar días de paro docente.

En las pruebas Aprender del año 2016, más del 75% de estudiantes requirieron la enseñanza de educación sexual y en género. Otro estudio, del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana, reveló que en la CABA, 1 de cada 3 estudiantes no recibió ESI en sus escuelas, y de los que sí sólo tuvieron dos horas al año.

“ESI” deuda nacional

Desde su creación, la implementación del Programa de Educación Sexual ha enfrentado varias barreras: problemas presupuestarios, falta de capacitación docente,  y también la resistencia cultural de distintos grupos y sectores a llevar estos contenidos a las aulas.

La campaña #ConMisHijosNoTeMetas pone a niños y niñas en el centro del debate.

La fórmula denota una idea de propiedad, apelando a una patria potestad irrestricta sobre los hijos. Tal figura ya no existe en el ordenamiento jurídico, ya que desde principios de siglo XX el Estado legisló sobre los límites de esta patria potestad, reconociendo que la situación y los derechos de los niños también eran responsabilidad estatal. En 2005 se sancionó en Argentina la ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, en donde se los reconoce como sujetos de derecho. El espíritu de esta ley impactó también en el nuevo Código Civil y Comercial, que rige desde 2015, y que establece la corresponsabilidad entre distintos actores para velar por los derechos de los NNyA. Es también en esta normativa que se avanzó en sancionar los malos tratos  y cualquier forma de vulneración de la integridad física de los niños. La ESI, es central para trabajar el respeto por el propio cuerpo, el consentimiento y para identificar situaciones de abuso.

Lo que está en juego ahora es qué educación sexual queremos y no la imposición de una ideología. La verdadera discusión es si la educación sexual es  un  derecho, o se priorizan lascreencias religiosas.

Días atrás, en un plenario de comisiones en la Cámara de Diputados de la Nación, obtuvo dictamen un proyecto de reforma de la ESI que busca reforzar la obligatoriedad de que estos contenidos sean impartidos en las escuelas de todo el país, además de que siempre sean laicos y científicos. Entre otros puntos, ordena declarar la ley de “orden público” y elimina la posibilidad de que cada escuela adapte los contenidos a su “ideario institucional”.

Las escuelas siempre fueron espacios en donde se reguló el género y la sexualidad de los niños, niñas y adolescentes. Aunque no estuviera incorporado a los contenidos curriculares, a través de aquello que se llama “currículum oculto” se asignaron roles de género a varones y mujeres, modos de vestir, de comportarse, y hasta la educación sentimental de cómo expresar socialmente emociones. El silencio sobre la sexualidad también fue y sigue siendo una forma de educar. Sin dudas, la peor.

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