Brasil: la alternativa es entre “democracia o barbarie”

Política

Brasil se enfrenta, a un potencial triunfo en segunda vuelta de un candidato que, mediante una campaña llena de biblias y balas, reivindica la dictadura, hace alarde de la violencia y desprecia todos los valores que fundamentan el sistema democrático.

 

El candidato ultraconservador del Partido Social Liberal (PSL), Jair Bolsonaro, obtuvo más de 49 millones de votos, y tiñó con sus colores casi todo el país, salvo el nordeste.

Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), cosechó algo más de 31 millones de sufragios, garantizándose su paso a la segunda vuelta electoral, el 28 de octubre.

Los resultados expanden el ya existente bloque parlamentario BBB (buey, biblia, bala, en referencia a terratenientes, pastores evangélicos y ex-integrantes de fuerzas de seguridad).

Que tanta gente esté dispuesta a votar a un Bolsonaro para evitar que vuelva el PT es en sí mismo un llamado a la reflexión, más aún cuando eso ocurre en las zonas más «modernas» de Brasil, donde nació un partido que enamoró a toda América Latina y hace años que viene perdiendo apoyos.

Un país tradicionalmente desigual.

La experiencia petista terminó exhibiendo relaciones demasiado estrechas entre el gobierno y una opaca «burguesía nacional» (como frigoríficos o constructoras), que socavaron su proyecto de reforma ética de la política y terminaron por debilitar la moral de sus militantes.

Declive de los partidos tradicionales. 

El tablero político brasileño ha dado un vuelco. Tanto el Partido de los Trabajadores (PT), el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) o el Movimiento Democrático Brasileño (MDB) salen seriamente debilitados de estas elecciones a todos los niveles: pierden gobernadores, diputados y senadores. En definitiva, pierden presencia, influencia y poder. A partir de ahora, el arco político será mucho más fragmentado, algo que podría dificultar la aprobación de iniciativas en el Parlamento.

Dilma Rousseff, contra todas las encuestas preelectorales, quedó fuera del Senado en Minas Gerais. Rousseff se alió en su momento con los evangelistas, pero hoy muchas de estas iglesias, como la Universal, parecen «ir por todo» sin necesidad de hacer alianzas con la izquierda.

El candidato del (PT), Fernando Haddad, resaltó que "es necesario que todas la fuerzas progresistas del país se unan en torno a un solo objetivo: la restauración del desarrollo con inclusión social en el país”.

"El retorno del neoliberalismo va a agravar la crisis y vamos a seguir un modelo que no funcionó en Argentina", al tiempo afirmó que es importante enfrentar los dos proyectos y defender la importancia de Brasil en el escenario internacional, en América Latina y en los Brics, ya que a su juicio "lo que suceda aquí va a tener significado internacional".

Haddad reiteró su disposición en buscar apoyo en candidatos que fueron derrotados en la primera vuelta, tales como Ciro Gomes, Geraldo Alckmin o Marina Silva.

En política cuando los demócratas dejan espacios vacíos, los ocupan los mercaderes de la fe, como las iglesias evangélicas pentecostales, los profetas del odio y los fabricantes del miedo.

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