Brasil: Prueba de fuego para la democracia

Política

Este 7 de octubre se realizarán las primeras elecciones presidenciales tras la destitución de Dilma Rousseff en 2016. En caso de que ningún candidato obtenga más del 50% de los votos, se disputará el balotaje el 28 de octubre. Los que aparecen con más chances son el militar retirado y ultraderechista Jair Bolsonaro (PSL) y Fernando Haddad (PT). También se elegirán a los 27 gobernadores, a los 513 diputados y a 27 de los 81 senadores.

 

Una democracia que se hunde

La mayoría de los brasileños no está satisfecha con la democracia que tiene. Una recesión económica en 2014,  dejó a trece millones de personas sin empleo.

Una investigación sobre blanqueo de dinero, conocida como Lava Jato, reveló un esquema de pagos ilegales de empresarios  a políticos que socavó la confianza de los ciudadanos en el sistema democrático.

La lucha judicial contra la corrupción hizo responsable a la clase política. Han sido imputados políticos de todos los partidos, desde electos locales hasta ex presidentes.

La corrupción y la inseguridad, combinadas con altos niveles de desempleo, constituyen un cóctel explosivo.

Sombría nostalgia

Muchos brasileños creen que la única forma de arreglar el sistema es darle poder a las Fuerzas Armadas.

Por ignorancia o indiferencia ante los crímenes cometidos por la dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985, muchos han decidido que es hora de darle «una oportunidad» a Jair Bolsonaro.

El candidato presidencial de la extrema derecha, ex capitán del ejército. Es conocido por sus comentarios contra las mujeres y las minorías, así como por ser un defensor de la dictadura militar y la tortura.

En el año 1993, pidió el cierre del Congreso. Más tarde, en 1999, hizo un llamamiento a una guerra civil para eliminar a treinta mil personas, entre ellas a Fernando Henrique Cardoso, en aquel momento presidente del país.

Admirador confeso de Augusto Pinochet, Bolsonaro pretende aumentar el papel de los militares en el gobierno.

Tras casi treinta años en el Congreso, representa actualmente al Partido Social Liberal, pequeño partido que cuenta con soloocho de los quinientos trece escaños de la cámara baja.

Sin embargo, su campaña se centra principalmente en él como figura política que cuenta en su haber con 8.5 millones de seguidores en las redes sociales, a los que motiva con sus arrebatos contra el aborto legal, la liberalización de las drogas y el control de armas.

Su base de apoyo incluye una parte de la clase media educada y los habitantes de ciudades del sur y el oeste del país.

Un resultado impredecible

En 2016, pocos imaginaban que Jair Bolsonaro podía convertirse en un serio contendiente a la presidencia.

La peor recesión de la historia del país, la destitución de Dilma Rousseff y la falta de confianza en las instituciones ayudan a explicar por qué un político de extrema derecha que defiende la intolerancia, el odio, el racismo y el militarismo es hoy el candidato mejor situado en la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

Mientras tanto Fernando Haddad,  candidato del Partido de los Trabajadores, representa a la nueva generación de líderes progresistas.

Ex alcalde de São Paulo y ex ministro de educación, fue quien logro ampliar el sistema educativo del país, la construcción de nuevas universidades y abrirles las puertas a estudiantes de distintos orígenes sociales y raciales.

Haddad no la tiene nada fácil porque el gran capital y los norteamericanos han decidido la extinción del PT. Y las masas brasileñas no han defendido con fuerza ni siquiera a Lula de ir a prisión.

Lo que está en juego en Brasil es nada más ni nada menos que el futuro del continente.

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