El Senado le dio la espalda a la marea verde.

Política

Finalmente se rechazó el proyecto de legalización del aborto, luego de más de 15 horas de debate.

 

Terminó la sesión en el Senado de la Nación, y el voto fue reflejo del “poroteo” que venía circulando desde hacía varios días: 38 votos por el NO superaron a los 31 por el SI a la legalización de la Interrupción voluntaria del embarazo (IVE).

Algo de lo que quedó:

La calle volvió a ser el territorio de praxis política de todas esas pibas y pibes organizados ya sea en sus orgánicas partidarias o autoconvocados a la vigilia, más allá de los que sucedió dentro del Congreso.

Los argumentos en contra se ataron a las distintas y posibles interpretaciones jurídicas del proyecto, siendo estas la ponderación de su constitucionalidad o no, a los costos de su puesta en práctica, y por último pero en absoluto menos importante a creencias religiosas y morales totalmente personales. Y en sus discursos se observó preocupantemente una falta casi total de menciones al sujeto central de la temática: las mujeres.
Los argumentos a favor del proyecto tuvieron una orientación más social y pragmática: la situación de las mujeres hoy, la existencia real de los abortos clandestinos, las desigualdades sociales que obligan a las mujeres a recurrir a métodos altamente peligrosos para su vida.  

Más allá del rechazo de ayer, y como se viene diciendo, el debate está instalado socialmente. Varios legisladores expresaron la necesidad de debatir proyectos alternativos sobre la misma temática, y varias fuerzas políticas han convertido esta polémica en un elemento preponderante en sus agendas.

La cuestión religiosa y generacional nos obligó a escuchar disertaciones que parecían reflejo de un Congreso del siglo pasado, propias de un Estado confesional. La mayoría de los senadores impuso sus creencias religiosas por sobre su función de legislar para toda la sociedad.

Si esta marea verde continuara con su potencial, si se siguiera exigiendo con igual intensidad el tratamiento y sanción de esta norma, podría pensarse que en las próximas elecciones sea necesario podría pensarse que en las próximas elecciones los candidatos deberán estar a la altura de debatir estas problemáticas muchas veces postergadas por ser incómodas para el establishment. Las nuevas generaciones manifiestas una mayor flexibilidad en su interpretación y el reclamo urgente es que los que nos representan estén al día con estos debates. 

Cabe preguntarse entonces: ¿tiene el feminismo, y este reclamo en particular, la capacidad de sostenerse en el tiempo, de interpelar a la clase política, marcar agenda para las próximas elecciones y lograr una mayor participación de nuevos sectores que reflejen esta disputa?

Podemos pensar también si el rechazo por parte de 38 personas a esta norma con tanto anclaje social tiene la capacidad de hacer temblar algunos de los cimientos del sistema legislativo nacional: dos cámaras llenas de legisladores y legisladoras que la mayoría no conoce y en muchos casos ni si quiera generan representación.  Muchos de esos senadores y senadoras que ayer votaron en contra,  que seguro pondrán en juego sus bancas, deberán analizar si sólo con el respaldo de los sectores más conservadores y reacciónarios de su electorado en la provincia logran generar la legitimidad necesaria para imponerse en los comicios. 

El Feminismo

No hay un solo tipo de desigualdad, la de clase. Hay muchas desigualdades que incluso se interrelacionan o se refuerzan entre sí. El feminismo ha declarado históricamente, pero ahora con mucha más fuerza y representación que, a las desigualdades de clase, se le suman y superponen las de género. Y que éstas últimas son vividas por las femineidades como una realidad que debe ser cambiada, más temprano que tarde. En la agenda está el aborto, que es normativo, un ordenamiento jurídico necesario para poder exigir luego políticas públicas que permitan llevarlo a la práctica con el resguardo del Estado, de manera segura y equitativa. Pero no sólo es el aborto, hay vivencias y luchas más profundas que proclaman cambios en los modos de convivir entre nosotros y nosotras, modos de hacer política y de representarnos.

El feminismo caló con esta temática en particular a una franja etarea muy joven como no lo había logrado antes con otras luchas. Y esta porción de la población, el año que viene está en condiciones de votar, de manera opcional u obligatoria según la edad. Con esta certeza, hay que ver cómo se maneja la clase política.

El peronismo

Cristina Fernández ayer comenzó su trabajo: aclaró que quienes habían hecho que cambie de opinión sobre este tema eran las miles de mujeres y hombres jóvenes que se habían volcado a la calle, y que “más que una cuestión de género, es generacional”. Y sentenció que el peronismo debía adaptarse a las necesidades de este momento histórico como siempre lo había hecho para pasar a ser Nacional, popular, democrático y feminista.
Por su parte, Miguel Ángel Pichetto tomó lo que había quedado en el aire: “se nos pasó y debemos hacer una autocrítica” y aclaró que esta ley debería haberse tratado en el gobierno anterior “como parte de la ampliación de derechos que llevamos a cabo”.

Mientras todo esto sucede, lógicamente el gobierno nacional continúa su gestión con su respectivo retroceso de la mayoría de los derechos conquistados en los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Esto no significó una pausa, ni tampoco (como se dice bastante seguido) ha representado un corrimiento del camino por el que militamos quienes formamos parte del campo popular. Tenemos plena conciencia de que la desigualdad social y el endeudamiento del país a los que nos empuja este gobierno representa el mayor problema hoy en día, y el mayor de los desafíos para el futuro gobierno.

Es por ello que resulta sumamente necesaria y urgente la consolidación desde nuestro movimiento de una propuesta electoral que entienda la coyuntura, el momento histórico, los distintos tipos de necesidades y proponga una vía alternativa a este modelo de retroceso social y económico. Y para eso tenemos que estar a la altura: pensar si son necesarias nuevas lógicas políticas que convoquen a quienes están en desacuerdo con la actual gestión y no han sido interpelados e interpeladas sea por el motivo que sea. Sabemos cómo hablar entre nosotros, veamos qué dicen los y las demás.

Sobre nosotros

El Centro de Estudios Políticos, Sociales y Culturales 25 de Febrero, ubicado en la calle Nicasio Oroño 1682, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, es una construcción colectiva que propende a la difusión de la cultura e ideología de orden Nacional y Popular. Su objetivo es la generación de un pensamiento crítico y constructivo que defienda las banderas de un País libre, justo y soberano

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