Locura

Política

Albert Einstein definió que “La locura es: seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes”.

 

Entiendo que esto aplica tanto a las personas, a los países y a los organismos internacionales, que por supuesto están dirigidos por personas.

Tratando de ser benevolente con los dirigentes a cargo del Poder Ejecutivo argentino, aplico esta definición y no todas las que se me vienen a la mente desde que comenzaron las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, lacra Mundial que con Néstor logramos erradicar del país.

Lejos de la independencia económica que alcanzamos desde aquel discurso del flaco en la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2003, en el que dejó en claro al FMI que “Los muertos no pagan”, nos encontramos con una triste situación actual.

Federico Sturzenegger, titular del BCRA, y Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda anunciaron rebosantes de alegría, el jueves pasado, que ya estaba cerrado el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en el cual nos prestarán por tres años la suma de cincuenta mil millones de dólares.

Como no podría ser de otra manera, los representantes de este viejo y conocido organismo internacional, ponen una serie de condiciones para este crédito: “cositas”, como el ajuste fiscal para la reducción del déficit  (déficit 0 en 2021), reducción de siete mil millones de dólares en el gasto público (¿imaginan de dónde saldrá?); reducción de la inflación y propuesta realista de la misma; y una prohibición de préstamos del BCRA al estado, -lo cual implica la reforma de la Carta Orgánica de esta institución-, entre las solicitudes más destacadas.

Todas estas cositas que el Gobierno de Macri viene tratando de hacer hace más de dos años con la misma receta que propone el Fondo y NO logró.

No soy economista, sino un simple mortal que esto ya lo vivió;  y con esa experiencia me animo a decir que se trata de medidas que sólo nos llevaron a un 2001 cargado de pobreza y miseria, en el que no quedo un mísero dólar en la Argentina, donde las acciones de las empresas que quedaban solamente servían para empapelar paredes; donde no había pymes y casi el 50% de la población activa estaba desocupada o subocupada.

Aquella crisis terminó, como la aplicación de estas recetas suele  terminar: con violencia y represión, con muertos y heridos en un enfrentamiento  de pobres contra pobres.

Pero por lo que hemos visto, a este gobierno eso no le importa mientras las cuentas cierren.

No me sumo a su festejo, no apoyo estas medidas, no creo que sea la solución y no por sabio ni erudito, sino porque esta historia ya la vi.

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