La Revolución de Mayo

Política

“¿Debe seguirse la suerte de España o resistir en América? Las Indias son un dominio personal del rey de España; el rey está impedido de reinar; luego las Indias deben gobernarse a sí mismas.”

 

El razonamiento expuesto, que visto bajo la luz de la historia parecería evidente, es conocido como el silogismo de Chuquisaca, y fue formulado por Bernardo de Monteagudo en septiembre de 1803, siete años antes de los sucesos que nos convocan y en ámbitos académicos que se daban a la tarea de analizar como seguiría la incipiente historia de Latinoamérica en vistas de imparable avance francés en las guerras Napoleónicas. El poderío de Bonaparte se hizo sentir en España en 1808, con la invasión de sus ejércitos y la destitución de Fernando VII. La instauración de la Junta de Sevilla como órgano formal de ejercicio de soberanía monárquica de los destituidos Borbones no fue suficiente para convencer a los criollos, que desde hacía bastante tiempo, como podemos ver, venían buscando la forma de desarrollar una alternativa que les permitiera empezar a despegarse del yugo de España. Y de eso se tratan los acontecimientos de la Semana de Mayo, el Cabildo Abierto y las concesiones arrancadas al Virrey Cisneros, que devinieron en la conformación de la Primera Junta, que muestra cabalmente que sectores sociales eran relevantes en ese Buenos Aires de 1810. La presidencia fue otorgada a Cornelio Saavedra, militar y jefe del regimiento de Patricios de Buenos Aires, principal guarnición armada del Virreinato del Rio de la Plata. Las Secretarías recaerían en Juan José Paso y Mariano Moreno, que junto con los vocales Juan José Castelli y Manuel Belgrano, eran conocidos como los “Jacobinos” de la Revolución. Las cuatro vocalías restantes fueron para Manuel Alberti, un sacerdote representando a la iglesia católica, Miguel de Azcuenaga, otro militar y Domingo Matheu y Juan Larrea, comerciantes en representación de la burguesía portuaria y los incipientes ganaderos porteños. Los episodios de la semana de Mayo son recordados por el compromiso al ideal revolucionario de los “Jacobinos”, que forzaron la creación de la Junta. Castelli, Moreno y Belgrano fueron el motor vital de la revolución, llevando como bandera las ideas de la Revolución Francesa, de la emancipación americana, de la construcción de una Nación. Paso acompaño desde su Secretaría todas las medidas impulsadas por Moreno, las cuales propendieron a intensificar la presencia de la Junta en la vida social, transparentar los actos de gobierno y sentar las bases de los principios rectores de la Asamblea del año XIII. Por eso, la revolución no solo debe ser recordada como la instancia de conformación del primer gobierno patrio bajo la idea de la “mascara de Fernando VII”, sino como el puntapié inicial para poner en marcha un proceso de reconocimiento y expansión de derechos, que culminó en la liberación e independencia de nuestro país y de otras naciones de la Patria Grande. El ejemplo y compromiso de esos patriotas que una gran convicción y pocas certezas, se plantaron ante un Cabildo Abierto esquivo y servil a España y lograron lo impensable, hoy nos interpela y nos convoca a refrendar nuestra soberanía, política y económica ante un gobierno que interpreta como "angustia" a ese valor y busca lavar de conflicto a nuestra historia.

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