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Chau paneras: una astuta estrategia de marketing para empobrecer los menús en las escuelas porteñas.

 

Argentina 2018: nuestro país se encuentra atravesando un contexto socio económico sumamente alarmante, en el cual se conoce que más de un millón y medio de chicos de entre 0 y 17 años están sumidos en la pobreza más extrema, con un porcentaje de desnutrición infantil que llega a poco más del 4%. 

Si bien la Ciudad de Buenos Aires es sin lugar a dudas la más rica del país, no se puede dejar de señalar que las condiciones de vida de los habitantes de los barrios del norte, es decir, los más acaudalados del territorio porteño, se encuentran bastante alejadas de la realidad que se vive en las comunas del sur.

En este sentido, la presidenta de la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires, Cecilia Segura, afirmó en una entrevista exclusiva que este año tenía pensado llevar a cabo una auditoría en los comedores escolares; afirmando “Nosotros detectamos en distintos informes de auditorías que no se cumplía el mosaico nutricional, que había problemas en la cadena de frío y el tratamiento que tienen que tener los alimentos y que además las mismas empresas que incumplían –en las cuales se detectaban estas situaciones-, después volvían a licitar; por lo tanto, para nosotros este era un tema a auditar muy importante”.

Pero esta cuestión invisibilizada, no sólo es señalada por la oposición, sino que  a comienzos de este año, Abel Albino, médico pediatra y fundador de CONIN -institución argentina que trabaja contra la desnutrición y la mortalidad infantil-, hizo interesantes consideraciones sobre la cuestión nutricional y el hambre en nuestro país, haciendo una importante distinción entre ambos conceptos: "El hambre es un síntoma, y combatirlo es lo más sencillo que hay …tomamos un plato de sopa y se nos va el hambre. La desnutrición es otro cuento, porque es una enfermedad individual y social, y su tratamiento es multidisciplinario. Lo más importante es comprender que se trata de una enfermedad multicausal".

De lo anteriormente dicho, puede entenderse que el estado debe cumplir un rol protagónico enfocado a los sectores más vulnerables de la ciudad, ello, teniendo en cuenta que la Ciudad de Buenos Aires tiene una estructura socio- demográfica correspondiente al 7% de la población del país y produce el 21% del PBI; es decir que su PBI per cápita triplica a la media nacional y su composición social la favorece, porque tiene el 50% de clase media, el 20% de clase alta, y solamente el 30% tiene necesidad de la asistencia del estado.

En este contexto, el Jefe de Gobierno Rodríguez Larreta anunció con una –como siempre efectiva y confusa- estrategia de marketing que oculta una clara disminución del presupuesto destinado a los alimentos de los comedores escolares.

Así, el nuevo programa “Chau paneras”, disfraza un cambio en los menús de las escuelas doble jornada, afirmando que las modificaciones introducidas tienen como objetivo disminuir la obesidad infantil. “Tenemos un desafío de mejorar la nutrición, claramente yendo a una dieta más completa, con frutas, verduras, nutrientes”, dijo Rodríguez Larreta.

Sin embargo, cuando los padres llegaron a las escuelas, la nueva dieta exhibida en las carteleras de las entradas, no se condijeron con lo anunciado con bombos y platillos, sino todo lo contrario.

Pueden verse algunos cambios como polenta con estofado, en lugar del pollo al horno con ensalada   que se venía sirviendo hasta ahora; o fideos cortos semolados con estofado, en lugar de la milanesa con puré.

En otras palabras, este programa que en teoría debería estar enfocado en la alimentación de los niños, no es otra cosa que una baja del presupuesto destinado a tal fin.

Tema aparte es que no existe diferenciación en este programa para las escuelas a las que asisten chicos con diferentes realidades sociales: todos comerán lo mismo, incluso los que sólo puedan acceder a ese plato de comida en todo el día.

Una nueva medida. Los mismos afectados.

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