Marielle Franco: A dónde apuntaban las balas.

Política

¿Qué precede al crimen político? ¿Qué viene después?

 

¿Cuántos jóvenes necesitarán morir para que esta guerra a los pobres termine? Se preguntaba Marielle Francisco da Silva en su página de facebook el 13 de marzo, en una de sus tantas declaraciones contra la militarización de la seguridad pública. Al día siguiente cuatro tiros en la cabeza terminaban con su vida. Cuatro balas pertenecientes a la Policía Federal de Brasil.

Marielle nació y creció en una favela, fue madre a los 19 años, y a pesar de la exclusión social y las dificultades propias de pertenecer a una clase social con pocas o nulas oportunidades, se formó como magíster en administración pública por la Universidad Federal Fluminense e hizo de la lucha por la educación pública y la democratización de la universidad, su bandera.

En el 2005, una bala perdida durante un tiroteo entre policías y narcotraficantes en el Complejo de la Marea, su barrio natal, dio la muerte a una amiga suya, lo que impulsó intensamente su militancia contra la violencia policial en las favelas, por los derechos humanos, y en particular de aquellos colectivos tradicionalmente vulnerados por razones de clase, género, raza y orientación sexual.

Ingresó en el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) en 2006 para participar de la campaña de Marcelo Freixo, diputado que recibió numerosas amenazas de muerte después de dirigir una comisión parlamentaria sobre las milicias paramilitares. En 2016, fue elegida concejala en la Cámara Municipal de Río de Janeiro con 46.000 votos, siendo la quinta legisladora más votada.

En febrero de este año, el presidente brasileño Michel Temer dispuso la presencia del ejército en las calles y en el sistema carcelario como medida para reforzar la seguridad, después de que se registrara un récord de homicidios en el estado de Río de Janeiro en 2017, 6.731 muertos sobre una población de casi 17 millones de habitantes. Marielle era relatora de una comisión municipal creada para informar sobre los posibles abusos cometidos por los militares durante esta intervención.

Mujer, negra, favelada, y bisexual. El mismo día de su muerte había participado de un encuentro de jóvenes negras en la lucha por garantizar la igualdad de derechos. Un auto la siguió durante cuatro kilómetros y desde dos metros disparó, por lo menos nueve veces, dando muerte a Marielle y al conductor, Anderson Gomes. La Oficina de la ONU para los Derechos Humanos, Amnistía Internacional, entre otros organismos internacionales exigieron la investigación del crimen.

En un contexto nacional de degradación del estado de derecho, de embestida contra los derechos sociales y laborales, políticas privatizadoras, persecución y criminalización a opositores como Lula Da Silva y Dilma Rousseff, y crisis económica, Marielle Franco no dudó en denunciar la violencia de la policía militar, visibilizar las problemáticas de los habitantes de las favelas y contribuir al fortalecimiento del movimiento feminista, LGBT y negro.

Difícil acceder al pedido de la editorial de O Globo de no politizar su asesinato. “Queda en segundo plano el hecho de que Marielle haya sido concejal por el PSOL" sostuvo el diario en su edición del 17 de marzo. Marielle Franco, fue y es una figura política, de esas activistas que incomodan no solo a la clase política predominante sino también a los medios corporativos de comunicación que los ratifican. Probablemente por eso es que en los últimos días han estado circulando, entre los homenajes, diversas historias falsas que intentan vincularla al narcotráfico y justificar así su asesinato.

Hoy miramos hacia Brasil, pero también abrimos un poco más los ojos para analizar fronteras adentro. La persecución política, la criminalización de opositores y ex funcionarios, el afán por invisibilizar los reclamos de vulneración de derechos en razón de género, pobreza, étnia u orientación sexual, la violencia policial, no son actos ajenos al escenario de nuestro país. El intento por legitimar estas cuestiones desde algunos medios masivos de comunicación y el aval desde el gobierno a la violencia impartida por las fuerzas de seguridad como parte de una política represiva, no hacen más que promover la escalada de violencia estatal. Las balas que atravesaron a Marielle Franco apuntaron a ella con todo lo que su existencia y militancia significaban, apuntaron a una referente de la oposición, similar a dónde apuntan algunas de nuestras rejas. Cabe preguntarnos entonces  ¿A dónde apuntan las balas de nuestras fuerzas de seguridad?

 

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