Cesio

Política

Antes de ayer murió el General Juan Jaime Cesio. Salió en algunos diarios la noticia. La vi compartida en redes sociales, aunque no demasiado. No encontré gran cantidad de palabras ni reflexiones sobre su figura. Hablé con algunos compañeros y amigos y llegamos a una conclusión: no se conoce demasiado su historia. Así que ahí va un pequeño resumen, que ojalá pueda enmendar en parte esta situación.

 

Juan Jaime Cesio fue un militar que llegó a ser Secretario General del Ejército Argentino en 1973, por entonces a cargo del Comandante General Raúl Carcagno (para los que no lo conocen, él fue quien denuncio ante la conferencia de los ejércitos americanos la llamada “doctrina de la seguridad nacional”). Cesio fue cofundador también del CEMIDA (Centro de Militares para la Democracia) cuyo objetivo era hacer conocer a la opinión pública y en particular a los oficiales de las Fuerzas Armadas, “la existencia de un pensamiento militar genuinamente constitucionalista, según las más puras tradiciones sanmartinianas”.

Al momento de morir tenía 91 años; por lo tanto, en el año 76 tendría alrededor de 51 años y el rango de Coronel, es decir, aún le quedaba mucha carrera por delante.

Pero no fue así. Jaime Cesio fue juzgado por “deshonor e indecoro militar”, absuelto, vuelto a juzgar (violando el principio de “cosa juzgada”) y condenado finalmente el 7 de noviembre de 1983 por el “Superior Tribunal de Honor del Ejército”. Le impusieron la más grave de las sanciones: “descalificación por falta gravísima al honor, con la accesoria de privación de su grado, título y uniforme”.

¿Cuál fue la falta o el delito del que lo acusaron, llegando incluso a pedir 6 años de prisión para el Coronel?

Teniendo en cuenta el año de la condena, a poco más de un mes para que Raúl Alfonsín asumiera la presidencia en el último retorno de la democracia argentina, uno podría suponer que el tribunal militar destinado a analizar las faltas al honor estaría condenando algún tipo de participación durante los años de terror, muerte y violaciones perpetrados por algún miembro de la fuerza. Pero no. Vale mencionar que el citado tribunal no realizó condenas en ese sentido.

El delito del por entonces Coronel Juan Jaime Cesio fue otro. Mucho más grave para la fuerza y su tribunal encargado de juzgarlo que derramar sangre de sus compatriotas para imponer un modelo diseñado en las oficinas de alguna embajada. Cesio nunca participó,  acompañó, ni fue parte de eso. Y es acá donde viene lo sorprendente: la falta grave al honor del Coronel fue marchar con las madres de plaza de mayo y apoyar abiertamente su lucha y el reclamo por sus hijos y nietos desaparecidos. Así como suena. Lo hizo durante los años de la más sangrienta dictadura que padeció nuestro país;  la que desaparecía y arrojaba a sus víctimas al mar.

Cesio También hizo declaraciones públicas en esos mismos años, donde sostuvo que “bandas integradas por militares habían usurpado el gobierno” y que “con el mendaz propósito de combatir la subversión, cometieron delitos aberrantes, como el secuestro, la tortura y el asesinato de miles de personas”.

¿Se entendió? Pasemos en limpio: el Coronel Jaime Cesio, siendo parte del ejército,  marchó con las madres, las apoyó abiertamente y criticó públicamente a la dictadura genocida.

Lo descalificaron y le quitaron todo, un mes antes de la vuelta de la democracia. El tribunal, en su condena, afirmó: “el Coronel Cesio con esa actitud intelectual, privilegia equivocadamente su condición de ciudadano sobre la militar”. No es muy difícil suponer qué hubiese sido para el ejército y su tribunal de honor, privilegiar su condición de militar por sobre la de ciudadano, ante la evidencia de secuestros, torturas y asesinatos por parte del estado…

¿Alguien conoce muchas historias acerca de uniformados que no hayan callado respecto de las atrocidades de sus compañeros de armas durante la última dictadura argentina? Yo no.

Pero la historia no termina ahí, cabría suponer que junto con la democracia volvería la justicia para el Coronel; pero no fue así. Cesio pasó los siguientes 22 años reclamándole a todos los gobiernos democráticos algo que iba a tardar mucho en llegar. Ni con Alfonsín, ni con Menem ni con De La Rúa: la restitución de lo que le había sido quitado arbitrariamente, como castigo por su coraje.

Recién en 2006, hubo un gobierno en la Argentina que no le dio la espalda: Néstor Kirchner lo recibió, le agradeció, le restituyó todo lo que le había sido arrancado y promovió su ascenso a General de Brigada. El presidente que bajó los cuadros de los genocidas y los condenó públicamente, quien dijo en el acto donde estuvo presente todo su gabinete, los presidentes de las dos cámaras, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y organismos de DDHH “tenemos que hacer ésto para que en la Argentina no pueda decirse ya que el héroe es condenado y el dictador, con las manos manchadas de sangre, resulta juez”.

Para entonces Cesio tenía 80 años y el honor intacto. Había pagado un costo personal muy alto por su coraje, por su valentía, por decir la verdad. O simplemente por hacer lo que tenía que hacer.

Ese día, Cesio dijo en su discurso: “Los represores ganaron lo que llamaron guerra, pero perdieron la paz. Mataron, torturaron, capturaron niños, discriminaron, se apoderaron de vidas y haciendas como señores feudales, los convirtieron en esclavos de la gleba por afán de poder, ambición sin freno y desprecio con sus conciudadanos”.

Ese fue Cesio, o una pequeña parte de su vida.

El sábado pasado murió, y entre noticias de largas filas en los centros comerciales que abrían de noche por la navidad; la gran actuación de Messi en la goleada del Barcelona ante el Real Madrid y la aplicación para celulares que permite diferenciar arañas de escorpiones, muy poco se leyó o se escribió acerca del General Cesio y su historia.

Pienso -trato de entender- que al igual que sucedió con la restitución del Coronel en el año 2006, no encuentro la noticia en el lugar que entiendo debería tener.

Paradójicamente, con algunas horas de diferencia, murió Thomas Griessa, aquel juez neoyorkino que benefició a los fondos buitres en su reclamo usurero contra la Argentina.  Esta noticia que replicó de inmediato en las páginas principales de los medios de mayor circulación del país. Un espacio que no tuvo ni va a tener nunca la injusta condena, la lucha, la restitución de sus honores o la muerte de Jaime Cesio, y eso me lleva, de alguna extraña manera,  a un proverbio africano que solía citar un escritor que me gusta mucho. El proverbio dice: “hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador”.

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