El extremo de la grieta

Política

De estrategia comunicacional a justificación de la violencia

 

Quienes defendemos los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández tenemos muy en claro que eso que dieron en llamar "la grieta" fue y es una exitosa estrategia comunicacional para generar oposición a sus gobiernos. Tensar la cuerda, generar malestar, o una especie de sensación de hartazgo o punto límite ante el cual la única salida después sería vendida como el “Cambio”.

Nosotros sabemos bien que esa división o parteaguas existe desde los inicios de nuestra historia como país (incluso antes). La división entre la oligarquía propietaria de las tierras cultivables y el pueblo trabajador. Entre el sector comerciante que se enriqueció desde los comienzos con las alianzas extranjeras de turno y las economías regionales; el capital internacional y las pymes o industrias nacionales. Y así se pueden seguir enumerando divisiones que nada tienen que ver con un invento kirchnerista.

El exitoso concepto de "grieta" además de abonar a la ilusoria y muchas veces sin fundamento necesidad de un "cambio" que se escuchó repetida tantas veces, generó un panorama mucho más extremo, donde defender una u otra medida o acción te coloca de un lado u otro. Y donde el hecho de creerse de alguno de los dos lados, ha llevado a la justificación de situaciones muy violentas.

En este marco, hace pocos días se sumó otra muerte (esta vez la de Rafael Nahuel, miembro de la comunidad mapuche de Villa Mascardi en Rio Negro)  en el marco de una "intervención" de Prefectura, dentro de la misma problemática: el reclamo por la propiedad de las tierras del sur, en manos de propietarios extranjeros.
Pero como esta vez parecería no haber dudas sobre la responsabilidad del Estado, porque el chico de 22 años fue muerto de un tiro por la espalda, la ministra de seguridad ya hizo uso del término “terroristas” para referirse a los mapuches. Todos sabemos a dónde fuimos a parar cuando el Estado habló de “terroristas” y “enemigo interno”. Dando lugar a la suspensión de toda garantía por parte del Estado, y con el peligroso aval de un conjunto enorme de la población, que acaba de rectificar su apoyo al gobierno en las pasadas elecciones.

El gobierno despliega toda su batería comunicacional haciendo que la opinión pública se divida entonces, en la ilógica grieta de quienes defienden el cuidado de la ley, la norma, por sobre la vida; y aquellos que no acuerdan con que la represión seguida de muerte sea la forma de garantizar el orden y el “respeto a la propiedad privada”.

Las opiniones en defensa de los procedimientos que tienen vidas humanas como saldo, que circulan en la opinión pública, son medidas estudiadas (y orientadas) de manera minuciosa, microfísica, casi imperceptiblemente por la derecha gobernante desde las redes sociales, canal que se suma a su predominio sobre los medios masivos y hegemónicos de comunicación.

Con este más que oscuro telón de fondo, y mientras las y los líderes viejos (¿y nuevos?) del movimiento peronista se disputan liderazgos más o menos mezquinamente, de manera más o menos funcional al gobierno, quienes militamos por construir desde la política realidades inclusivas y luchamos por la distribución equitativa de la riqueza, tenemos por lo menos dos posturas que asimilar fuertemente: establecer lazos muy sólidos en la comunidad, en los barrios, en los trabajos, y todo aquel lugar donde comienzan a vislumbrarse las necesidades en tiempos como el presente y como el que parece avecinarse en un futuro cercano. Y por otro lado, la responsabilidad de formarnos, de hablar con la gente, de explicitar ideas, conceptos, nociones básicas sobre los derechos a los cuales no debemos y no podemos renunciar.

Frente al explícito vacío de sentido al que apuesta la derecha que nos gobierna, debemos responder con los sentidos y la historia que conocemos y tanto nos costó.

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