Del voto femenino a esta parte

Política

El pasado 11 de noviembre se han cumplido 66 años de la primera vez que, en nuestro país, las mujeres pudimos votar. De aquel 1951 hasta la actualidad la participación femenina en la política ha crecido, pero ¿Cuál es la situación actual?

 

En el año 1947 el presidente Juan Domingo Perón firmó el decreto que cambiaría por siempre la situación de las mujeres argentinas en relación a su derecho a votar. La disposición establecía la libre participación femenina en los llamados a elecciones y, cuatro años más tarde, la ley 13.010 fue puesta en práctica. De ese modo, el 11 de noviembre de 1951, el voto femenino se convirtió en una realidad.

Pasaron 66 años de aquella vez que ejercimos por primera vez nuestro derecho a participar de la vida política de nuestro país. Y con el transcurso de los años la participación de la mujer en la esfera política se ha ido transformando. Por lo tanto, con motivo de este nuevo aniversario, se vuelve necesario hacer una suerte de balance y ver en donde estamos paradas para saber hacia nos dirigimos.

El hecho de que la mujer haya podido votar no significó o no se tradujo en una participación igualitaria en lo que se refiere a representación. La mujer por varios años se encontró subrepresentada, hasta que en 1991 se sancionó la ley de cupo femenino (ley 24.012,ley que fue vanguardia en Latinoamérica), que establece que “las listas que se presenten a elecciones deberán tener mujeres en un mínimo del 30% de los candidatos a los cargos a elegir y en proporciones con posibilidades de resultar electas“. El resultado de esta ley de cupo ha sido y es contundente: en la Cámara de Diputados la participación de las mujeres pasó de 5% a 14% tras las elecciones legislativas de 1993 y llegó a 30% hacia 2001. Después de las últimas elecciones en 2015, 34% de los representantes son mujeres. En el Senado el cambio también fue abismal: antes de la ley, la representación femenina llenaba menos del 5% de las bancas y pasó al 37% en la primera elección directa. Hoy el 40% de las bancas son ocupadas por mujeres. Pese a que esta ley fue cuestionada, la implementación del sistema constituyó un aumento real de mujeres en el Congreso que de otro modo, tal vez jamás se hubiera alcanzado.

Sin embargo, 26 años después de la ley de cupo femenino, pareciera ser que más que un piso, el porcentaje del %30 se ha convertido en un techo que no permite hablarrealmente de igualdad en término de participación y representación de hombres y mujeres en la política de nuestro país. Para ilustrarlo un poco mejor, es preciso recurrir a datos que dan muestra de esta situación: en un informe que realizó este año el  Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre Paridad de Género, se llegó a la conclusión de que "En la Argentina, al igual que en otros países de América Latina, persisten desigualdades de género que limitan el ejercicio pleno de los derechos políticos de las mujeres y su autonomía en diferentes esferas de la sociedad"

En el informe del PNUD se analiza la participación de la mujer en los tres poderes, y los resultados demuestran que todavía Argentina se encuentra la mitad de camino de alcanzar la paridad de género.

En el Poder Legislativo, por ejemplo, las mujeres solo representan el 25% de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados y, aunque presiden un tercio de las comisiones permanentes (31%), están más presentes en aquellas comisiones que se ocupan de la política social y el cuidado, que en las comisiones que tratan temas económicos e institucionales. Argentina descendió posiciones en el ranking internacional de mujeres en el Parlamento de la Unión Interparlamentaria, ubicándose detrás de países como Bolivia, Ecuador o México, que han avanzado en el establecimiento de la paridad política de género.

En cuanto al Poder Ejecutivo llama la atención la escasa presencia de mujeres en gabinetes ministeriales (13,6% en 2016), además de su total ausencia en sectores asociados con temas productivos. La subrepresentación se replicó en los cargos viceministeriales, donde las mujeres sólo ejercían el 14,1% de las Secretarías de Estado. Por otra parte, el estudio del PNUD señala que sobre un total de 22 carteras ministeriales del Gabinete nacional en 2016, poco más del 10% tenía a una mujer como titular. En los tres últimos períodos el porcentaje de ministras descendió más de 10 puntos, pasando de un promedio de 25,8 % (entre 2007/2011) a 16,6% en 2016.

En los municipios el escenario para la mujer parece ser más oscuro aún. En la provincia de Buenos Aires, es ínfimo el porcentaje de dirigentes femeninas en cargos de intendencia: apenas 2,9% en la provincia más grande y poblada del país.

Y por último, como era de suponerse, el poder menos democratizado, es decir, el Poder Judicial, es el poder en donde existe una presencia mínima de mujeres. Por ejemplo, en la Corte Suprema de Justicia, apenas una de sus cuatro integrantes actuales es mujer, mientras que la Cámara Nacional Electoral está integrada solamente por hombres y no cuenta con una Unidad de Género que trabaje la transversalización del tema en su interior.

Resulta paradójico que luego de la presidencia de una mujer en los últimos 8 años, nuestro país todavía se encuentra ante una gran brecha de género. La política atraviesa todas las esferas de la vida de una sociedad y al hilar fino en cuestiones de política y participación femenina nos encontramos con que todavía queda mucho por hacer para hablar de una sociedad realmente igualitaria y en donde todos los sectores sean representados, la perspectiva de género debe atravesar todos los ámbitos de discusión política, y por sobre todas las cosas la discusión del rol femenino debe ser debatida desde la militancia partidaria en adelante, si queremos realmente que hayan verdaderos avances.

Es por eso que a 66 años de haber votado por primera vez, las mujeres hemos avanzado significativamente, pero aún nos quedan algunas barreras que derribar. La pregunta queda abierta ¿Por qué en una sociedad en la cual la mujer ha conquistado tantos derechos todavía no se encuentra en paridad de representación?

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