Brasil y un golpe que nos duele

Política

En un histórico fallo, el juez de primera instancia Sergio Moro, declaró culpable de corrupción pasiva y lavado de dinero al ex mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y lo condenó a 9 años y medio de prisión.

 

La sentencia establece, además, la prohibición de ejercer cargos públicos durante 19 años, lo cual le impediría a Lula, si se confirma en segunda instancia, volver a presentarse a la presidencia en las elecciones de 2018 como candidato de su Partido de los Trabajadores (PT). Lula está acusado de haber recibido sobornos por parte de la constructora OAS, en forma de un inmueble, entre otras ventajas. OAS era contratista constante de Petrobras, y los sobornos habrían sido a cambio de contratos con la petrolera estatal. El inmueble en cuestión no está a nombre de Lula sino de la constructora. El ex presidente siempre negó todas las acusaciones y exigió que se exhiba alguna prueba de ellas. Según la acusación, los elementos en su contra surgen de una delación forzada de los dueños de la empresa detenidos al efecto por el juez. Es preciso destacar que el ex presidente de Brasil aún puede presentarse como candidato a presidente para los próximos comicios, ya que solo iría a prisión en el caso de que el fallo sea ratificado en una segunda instancia. Hasta aquí los hechos, ahora bien, se hace necesario tratar de entender el contexto en el que este fallo salió a la luz, para así tal vez comprender las razones del mismo. Esta sentencia es, sin duda, un paso más del golpe institucional que se viene dando en Brasil, que comenzó con la destitución de Dilma Roussef, y que tiene como objetivo principal destruir la figura política de Lula. Los dos grandes actores que llevan a cabo esta tarea son, por un lado los medios hegemónicos y por el otro, la corporación judicial. Este modus operandi es prácticamente el mismo en varios países de la región (justamente en aquellos donde los derechos sociales alcanzaron grandes niveles de desarrollo). Para aclarar un poco más el panorama, hay que tener en cuenta que Michel Temer llegó a la presidencia de Brasil solo para llevar a cabo profundas medidas sociales y laborales que significan un gran retroceso en los derechos obtenidos bajo los gobiernos de Lula y Dilma. Sin ir más lejos, el día anterior a que se diera a conocer el fallo del juez Moro, el parlamento brasileño aprobó un paquete de reformas laborales que liquida el poder de negociación de los sindicatos, destruye los convenios colectivos, inventa una figura de empleo intermitente y sube la cantidad de horas de trabajo, entre otras medidas. Además, la figura de Lula en las encuestas iba creciendo convirtiéndolo en el candidato con mayor intención de voto. Frente a esta situación, no parece inocente el momento que eligió el juez para dictar sentencia. Con respecto a lo que sigue, es importante destacar que Lula permanecerá en libertad y con sus derechos políticos intactos hasta que haya una sentencia del Tribunal Regional de Porto Alegre. Si los tres camaristas que integran ese tribunal de alzada ratificaran la sentencia contra el líder del Partido de los Trabajadores, lo dejarán fuera de los comicios del 2 de octubre de 2018, porque la Ley de la Ficha Limpia impide ser candidato a cualquier ciudadano contra quien pese un fallo de segunda instancia. Pero hasta que dicho tribunal dicte sentencia pasarán seguramente varios meses y en ese lapso de tiempo muchas situaciones se pueden dar, la esperanza del Partido de los Trabajadores sobre los camaristas tiene en cuenta tres escenarios y se alientan con un antecedente. El peor escenario es que ratifiquen la sentencia de Moro antes de octubre de 2018 e invaliden de ese modo los derechos políticos de Lula. El segundo escenario es que no se pronuncien y dejen a Lula bajo sospecha pero con derechos políticos. El mejor escenario es que den vuelta el fallo de primera instancia. La esperanza del PT tiene un antecedente con nombre y apellido: Joao Vaccari. Se trata del tesorero del partido que fue absuelto por este mismo tribunal federal que debe resolver la suerte cívica de Lula. Hasta tanto, solo resta esperar que este golpe no cumpla su cometido y que Lula y el pueblo del hermano país del Brasil resistan y salgan victoriosos de esta situación.

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